“Porque el español que opera en Internet ha alcanzado la madurez de una persona muy democrática: nada le gusta más en el mundo –aparte de consumir- que creer que su vida es de gran importancia. Pero no valiosa en el sentido biológico. No. Es importante porque tiene unos valores. El internauta español que feisbuquea es listo, tiene una vida muy interesante, tanto en cuanto a trabajo, conocimientos y aspiraciones; no digamos ya en vida social, y no hablemos de talento, inteligencia y encanto personal, y otras bondades… por tanto, su vida, sus pensamientos, sus ocurrencias, son merecedoras de ser propagadas a los cuatro vientos.”
Dibujos animados brutos hay muchos, pero lo de “Superjail!” sobrepasa el límite de la demencia. Gran parte de la culpa la tienen esas secuencias de violencia sin sentido que provocan una sobrecarga sensorial cuasi-epiléptica. Aquí un ejemplo:
Mucho se ha escrito sobre el carácter psicopatológico de Batman, pero nunca con tanta profundidad. El psiquiatra Jesús Ramos Brieva le dedica todo un ensayo de más de 200 páginas. Pueden descargar el pdf aquí.
La intro de programa de TV y el tráiler, dos miniproductos audiovisuales cuyas funciones oscilan entre la propaganda, la imagen de marca y el puro relleno. No por ello muchas de estas piezas dejan de rebosar genialidad. Hoy he visto dos muy buenas:
La intro, la del programa “De buena ley” (juicios populares televisados, ya saben). Esas personas de la calle representadas como minúsculas figuritas, rodeadas por sobredimensionados objetos, símbolos de aquello que rige nuestras vidas y nos subyuga. Solo falta una mano gigantesca manejando las figuras (¿Dios?) para definir completamente la dimensión mítica del corto.
El tráiler, el que promociona “The Social Network”, la nueva de David Fincher, a estrenar en otoño. En ella se cuenta el siniestro origen de Facebook, esa pieza de software que demuestra que una idea realmente puede cambiar el mundo. Si de algo ha sido impulsora esta red social es de la hiperemotividad de todo a cien que podemos ver a diario en los “muros” de millones de abonados al invento. Los publicistas han utilizado esa poderosa arma (cover de “Creep” mediante) para crear empatía con el usuario medio de Facebook en los primeros 30 segundos de la pieza, y después mostrarnos la naturaleza de los “men behind the curtain”, los demiurgos que están forjando esta nueva sociedad, con sus juicios, sus envidias y sus millones. Más mito.
El uso indiscriminado del prefijo “post” en el ámbito del etiquetado (sub)cultural es un asunto que me pone muy muy de los nervios. Entiendo perfectamente cuando me hablan de la España de postguerra, la depresión post-parto, los X-Men post-Claremont… Sin embarto tengo serios problemas con cosas como el post-rock, el post-pop, la post-poesía, o la post-tag más de moda en los últimos tiempos: el post-humor.
¿Qué se supone que significa esto último?¿Una nueva era del no-humor?¿Chistes sin gracia? Lo único que sé es que la categoría es aplicada, muchas veces de forma despectiva, a gente como Wes Anderson, Sacha Baron Coen, Nacho Vigalondo o Joaquín Reyes. Gentes con visiones más o menos diferentes en esto del hacer reír, pero que si algo tienen en común es su capacidad de abrir nuevos caminos, centrándose más en lo que a ellos les hace gracia y menos en como complacer a la mayor masa social posible, demostrando que incluso los Monthy Python pueden quedar desfasados. No hacen post-humor, hacen HUMOR con mayúsculas cuyo único pecado es parecerse poco a cualquier cosa que haya existido antes.
Esto viene a cuento porque acabo de añadir dos nuevos nombres a mi panteón de este tipo de humoristas fieles a si mismos pese a quien pese: Jonathan Millán y Miguel Noguera. Su más reciente obra: “Hervir un Oso”. Sus características:
Parece un tebeo pero no es exactamente un tebeo (¿post-comic?)
Es humor gráfico, pero en muchos casos el texto predomina sobre la ilustración (¿post-viñeta de prensa?¿post-libro?).
Millán y Noguera tiran de lo referencial, pero a su manera, elaborando descabellados mashups: Los Alcántara y las matemáticas de bachillerato, Locke y la ópera, CSI y el queso. (¿post-posmoderno?)
Si Baudrillard acuñó el termino hiperrealidad como una realidad fabricada más real que la realidad misma, lo que hacen estos señores podría definirse como hiperlógica: el hecho de que un fantasma se golpee la cabeza contra una viga supone un fenómeno paranormal dentro de un fenómeno paranormal; si el helio agudiza la voz, basta insuflárselo a un bebé chillón para que su berrinche desaparezca, convertido en ultrasonido; y no les cuento como la matemática pura dice que Antonio Alcántara llegaría a alcanzar la velocidad de la luz en “Cuéntame”, si esta serie siguiese emitiéndose unos años más… (¿post-empirismo?)
Más allá de si cada uno de los 50 capítulos hacen gracia o no, en conjunto, la lectura del (no)tebeo genera la sensación de llevar implícito un subtexto arcano y revelador que se nos escapa. No sé que pasa en muchas de esas páginas, pero desprenden algún tipo de verdad que quizá descifremos dentro de unos miles de años (¿post-conciencia?).
Si se hacen con el tomo, les auguro unas buenas dosis de satisfacción post-lectura.
“La mayoría de los periódicos definían el recinto como un cruce de parque temático y centro comercial. A ratos resultaba más inquietante, como cuando las pantallas emitían anuncios de Prosegur o el público agitaba alegremente globos-salchicha de Ramstad (empresa líder en el sector del trabajo temporal). Dos imágenes dignas de la antiutopía ballardiana Bienvenidos a Metro-Center.”
Víctor Lenore en Rockdelux #286 (Julio/Agosto de 2010)