Sois títeres también…
Martes, Marzo 9th, 2010Y ya que saco el tema, no se pierdan la escalofriante galería de ventrílocuos y sus muñecos recopilada por Monster Word (y descubierta por mi a través de El Blog Ausente ).
Y ya que saco el tema, no se pierdan la escalofriante galería de ventrílocuos y sus muñecos recopilada por Monster Word (y descubierta por mi a través de El Blog Ausente ).
Hoy se celebra la tercera edición del Día del Culo Comiquero promovida por el mind-deformer Jotacé.
En esta ocasión dedicaré el post a defender a otro genio cular incomprendido. Se trata del poco prolífico pero muy criticado Larry Stroman. Se dice que exagera un poco las posaderas de sus chicas. Aquí una muestra:
Pues yo digo: No es exageración. Solo una atenta mirada al mundo que nos rodea:
Feliz BCD!!!
No se ustedes, pero yo de pequeño era un fanático de los blockbusters. Me pirraba por las escenas llenas de efectos especiales, y cuando revisionaba alguna de estas superproducciones de mi colección de VHSs, lo común era hacer uso del botón de avance rápido para ir directo al grano. Así me hice consciente del concepto de “presupuesto”: los efectos especiales eran escasos porque eran caros. Supe que nunca podría hacerse una película de estas en la que las extensas escenas de relleno quedasen reducidas a la mínima expresión y todo fuese espectáculo. Me equivocaba.
El sueño de la (sin)razón produce monstruos. En efecto, este año han salido dos películas que subliman esa fantasía infantil de “espectáculo puro”: la segunda parte de “Transformers” y la “desastrosa” “2012”. Desde un punto de vista adulto, la cosa da escalofríos a la vez que resulta fascinante. Primero porque da la impresión de que se ha dejado en manos de chavales de 10 años las riendas de producciones de 200 millones de dólares, y segundo, porque la cosa funcionó de maravilla a nivel económico.
Ya conocíamos la vena patriótica de Michael Bay de sus anteriores películas (donde nunca faltan barras y estrellas), pero lo de “Transformers 2” se lleva la palma. El ejército es tan protagonista como los robots gigantes, y el señor Bay no se priva en “obsequiarnos” con largos y triunfales planos de la maquinaria de guerra: portaaviones, cazas, helicópteros, hunvees… se ven tan bonitos que entran ganas de alistarse para conducirlos. El guión tiene exactamente la misma funcionalidad que en una peli porno, una burda excusa para enlazar las escenas de acción. Y vaya si hay acción, tanta que aburre.
En cuanto a “2012”, parece que Roland Emmerich se ha tomado muy en serio la famosa profecía maya, y en vista a la posibilidad de que ésta sea su última película, ha decidido destruir en ella toda ciudad y monumento importante que le faltaba. Aludiendo al espíritu lúdico (y cruel) infantil, la peli es el equivalente caro a construir un enorme castillo de arena para luego destruirlo violentamente a patadas. Puro primitivismo surgido de las profundidades del “id” freudiano. Impagable la escena de la plaza de San Pedro en el Vaticano, llena hasta los topes de desesperados fieles rezando, a los que se le viene encima la cúpula de la catedral. No hay piedad.
En resumen, estas dos películas suponen un zeitgeistico broche de oro a la década que acaba, en la que si algo ha quedado realmente claro es que el concepto de madurez es cosa del pasado y que el mundo está ahora en manos de una generación de niños grandes (para bien o para mal).
Tanto se ha escrito ya sobre el nuevo trabajo de Robert Crumb que hablar aquí de ello resulta un ejercicio de pura redundancia. Aún así no me resisto a dejar un par de apuntes sobre esta impresionante adaptación del libro del Génesis.
En primer lugar, destacar que a Crumb no le tiembla el pulso con la edad. En ningún momento abandona su trazo obsesivamente detallista, aportando su personalidad a multitud de escenas bien asentadas en el inconsciente colectivo, e imprimiendo carácter a la ingente cantidad de personajes que aparecen en el primer capítulo de la Biblia. Un auténtico trabajo de chinos que resuelve magistralmente. Basta observar las viñetas para que nuestra mente sea invadida por sensaciones de zozobra, extrañeza, crueldad y primitivismo que transmite la lectura del texto original.
En cuanto al texto en si, el gran acierto de Crumb ha sido presentarlo tal cual, sin la menor alteración para hacerlo digerible al lector actual o ajustarlo narrativamente a formas más tebeísticas. Solo así pudo conservar su tremenda fuerza, la fuerza de un material tosco y protoliterario: la narración se mezcla con interminables listados de descendencia y posesiones de los protagonistas, ciertas situaciones son recicladas sin pudor en las historias de cada personaje, otras se contradicen entre si… y a todo esto Dios da miedo, mucho miedo, pues parece estar actuando continuamente por impulso, castigando y aniquilando por puro capricho. Una lectura tan desconcertante como fascinante a la que jamás me acercaría de no ser por Crumb.
Penita que no continúe el trabajo con el resto de libros de la Biblia…
Tras décadas en standby, el “Caso Polanski” abre un nuevo y puede que definitivo capítulo. Con su detención en Suiza y solicitud de extradición por parte de los EEUU, el director polaco-francés vuelve a ser carnaza para la polémica con un caso que pone sobre la mesa temas tan proclives al debate como los límites (morales y legales) del llamado “sexo consentido con menores” o la no-equidad (tanto positiva como negativa) de la justicia en función del individuo juzgado.
Por mi parte, lo expuesto en el documental me ha confirmado dos escalofriantes realidades:
Flipado me quedé al ver este cartel en el escaparate de una tienda de Vigo:
Seguro que les hace mucha gracia a todos aquellos fieles clientes que compraron allí a comienzos de temporada. En fin…
Y por cierto, el estudio de publicidad se lució con la tremenda falta gramatical de escribir “porqué” en lugar de “por qué”, lo correcto en ese caso.